- El S&P 500 y el Nasdaq 100 han alcanzado picos históricos impulsados por la IA y la esperanza de acuerdos geopolíticos.
- Persiste una vulnerabilidad sistémica debido a una inflación superior al 3% y una liquidez excesiva no absorbida por la Fed.
- El mercado de divisas y materias primas se encuentra condicionado por la volatilidad del petróleo y la tensión en Oriente Medio.
La escena financiera actual se presenta como un auténtico rompecabezas. Recientemente, hemos visto cómo el S&P 500 y el Nasdaq 100 han vuelto a romper techos, marcando récords históricos que dejan a muchos analistas rascándose la cabeza. Este optimismo no llega solo, ya que otros índices como el Nikkei 225 o el IBEX 35 Total Return también se han sumado a esta fiesta de máximos, demostrando que el apetito por la renta variable ha regresado con fuerza a pesar de que el ambiente sigue estando bastante tenso.
Si miramos los titulares, las razones parecen claras: unos balances corporativos brillantes de las empresas más grandes y la esperanza de que se firme un acuerdo de paz en Oriente Medio. De hecho, el anuncio de Donald Trump sobre la suspensión de la asistencia a buques en el estrecho de Ormuz ha servido para alimentar la idea de que un pacto con Irán podría estar cerca, lo que ha inyectado una dosis de confianza en los parqués. Además, los inversores están contando con que la posible llegada de Kevin Warsh a la Fed signifique el fin definitivo de cualquier subida de tipos de interés.
El riesgo oculto tras la euforia
Sin embargo, no todo es color de rosa y hay quien mira estos números con bastante escepticismo. Resulta, cuanto menos, curioso que la bolsa suba como la espuma cuando todavía tenemos una inflación anual que supera el 3%. Aunque se hable de treguas rápidas en el conflicto geopolítico, la realidad es que las cicatrices en la cadena de suministros del petróleo no se borran de la noche a la mañana y tardarán meses en estabilizarse.
Existe el temor real de que estemos ante un crecimiento basado más en la euforia por la inteligencia artificial que en fundamentos sólidos. Cuando los activos suben a una velocidad tan vertiginosa sin un respaldo real, el riesgo es que el castillo de naipes se derrumbe, provocando caídas verticales en cuestión de horas o incluso minutos. Es un escenario peligroso donde el optimismo ciego suele pasar factura.
Hay detonantes más que suficientes para un desplome. Por un lado, cualquier recrudecimiento de las peleas en Medio Oriente podría dar la vuelta a la tortilla. Por otro, la impredictibilidad de Trump y su urgencia por evitar una derrota electoral catastrófica podrían generar un caos político que acabe depositándolo en el banquillo de un juicio político impulsado por los Demócratas.
Liquidez y el papel de la Reserva Federal
No podemos olvidar el elefante en la habitación: la liquidez. El mercado está inflado por una cantidad de dólares que la Fed jamás llegó a retirar, una tendencia que viene arrastrándose . Fue especialmente evidente en marzo de 2020, cuando el estímulo ilimitado de Jerome Powell hizo que las acciones volaran hacia máximos históricos mientras las empresas estaban cerradas o a media máquina por la pandemia.
En cuanto al mercado de divisas, la situación es distinta y más moderada. Aquí quien lleva los pantalones es el . El patrón es repetitivo: cuando hay amenazas entre Estados Unidos e Irán, el crudo sube, el y, como consecuencia, el euro, la libra y especialmente el yen sufren desplomes. En este contexto, el se ha consolidado como el refugio más seguro para los operadores cautelosos.
El oro, por su parte, sigue sin encontrar un rumbo claro. Aunque algunos soñadores esperan verlo en los 6.000 dólares, la realidad es que muchos compraron en los 5.600 dólares de enero basándose en pronósticos demasiado optimistas. Actualmente, el metal precioso se mantiene por encima de los 4.640 dólares, recuperando terreno gracias a las noticias relacionadas con Trump.
Perspectivas monetarias y calendario económico

Si analizamos las monedas europeas, el euro y la libra muestran un alcismo moderado. Para que el euro coja verdadero impulso, necesita romper la barrera de los 1.1765 y dirigirse hacia los 1.1800, mientras que la libra tiene que superar el nivel de para confirmar su fuerza.
El yen japonés ha dado algunos sustos, fortaleciéndose brevemente en la sesión asiática en lo que parecía una intervención oficial, pero esas ganancias se evaporaron en minutos, volviendo rápidamente a la zona de los . Esto demuestra que la volatilidad sigue siendo la norma en el mercado de divisas.
Mirando el calendario, la primera semana de mayo ha sido bastante plana. El ISM de servicios y las vacantes de empleo no han movido la aguja del mercado. Sin embargo, la atención se centra ahora en la y, sobre todo, en los inventarios de petróleo, que sigue siendo el activo estrella y el motor de gran parte de la volatilidad actual.
La combinación de récords en los índices estadounidenses, una geopolítica impredecible y una liquidez residual masiva crea un entorno donde el es fundamental. A pesar de que el rebote lleva tres semanas consecutivas, la cautela debe primar sobre la euforia para evitar quedar atrapado en una posible corrección brusca de los precios.