- La deuda federal estadounidense ha alcanzado niveles récord, superando el 120% del PIB en los últimos años.
- Japón y China se mantienen como los principales acreedores extranjeros, aunque la tendencia se diversifica.
- La sostenibilidad del sistema depende de la reducción del déficit y de la gestión de los tipos de interés por la Reserva Federal.
Hablar de la economía estadounidense es, inevitablemente, hablar de una montaña de dinero prestado que no deja de crecer. Estados Unidos se ha coronado como el país más endeudado del planeta, una situación que genera tanto fascinación como cierto temor entre los analistas financieros internacionales, ya que el volumen de sus obligaciones es sencillamente astronómico.
A pesar de que el dólar sigue siendo el rey y los bonos del Tesoro el refugio preferido cuando las cosas se ponen feas en los mercados, la realidad es que la sostenibilidad de esta deuda es un tema candente. No es solo una cuestión de números, sino de cómo afectan estas cifras a la estabilidad de la economía global y a la confianza de los inversores a largo plazo.
Cifras actuales y evolución del endeudamiento
Si echamos un vistazo a los datos de 2024, la situación es impactante. La deuda pública se situó en unos 33.106 millones de euros, lo que equivale a 35.822 millones de dólares. Para que nos hagamos una idea del ritmo de crecimiento, solo respecto al año anterior la cifra aumentó en más de 2.400 millones de dólares, dejando atrás la marca de 2023 que ya era considerablemente alta.
Este crecimiento no solo se ve en el monto total, sino también en su relación con la riqueza del país. En 2024, el endeudamiento alcanzó el 122,27% del Producto Interior Bruto (PIB), suponiendo un incremento de más de dos puntos porcentuales frente al 119,96% registrado el año previo. Si miramos hacia atrás, concretamente a 2014, vemos que la deuda global era de unos 18.478 millones de dólares y representaba el 104,94% del PIB, lo que demuestra que la tendencia es estrictamente ascendente.
A nivel individual, el peso de esta carga es abrumador. En 2024, la deuda per cápita se disparó hasta los 105.364 dólares por habitante, convirtiendo a los estadounidenses en los segundos más endeudados del mundo. Para ponerlo en perspectiva, hace una década, en 2014, cada persona cargaba con unos 58.005 dólares, lo que significa que la deuda por ciudadano se ha multiplicado casi por dos en diez años.
¿Quién es el dueño de la deuda estadounidense?
Una de las preguntas que más ruido hace en los foros económicos es: ¿quién tiene realmente el dinero? Curiosamente, el mayor tenedor de esta deuda es el propio Gobierno de Estados Unidos y diversas entidades administrativas, que poseen casi la mitad del total. Básicamente, se están prestando dinero a sí mismos, un proceso conocido como monetización de la deuda que también es muy común en Europa.
En cuanto al capital extranjero, este representa aproximadamente el 24% del total. Japón lidera la lista de acreedores externos con 1,06 billones de dólares, seguido muy de cerca por China con 759.000 millones. Aunque China ha reducido su porcentaje de tenencia desde el máximo que alcanzó en 2010, ambos siguen siendo piezas clave. A principios de 2025, la cantidad de deuda en manos extranjeras alcanzó el récord de 8,8 billones de dólares.
Riesgos, agencias de calificación y perspectivas
No todo es optimismo. Agencias como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch han bajado la calificación crediticia de EE. UU. en diversos momentos, llegando a quitarle el ansiado triple A debido al caos en la política económica y al déficit creciente. Esto podría, en teoría, encarecer la financiación del país si los inversores empezaran a pedir rentabilidades más altas por el riesgo de crédito asumido.
Además, existen temores de que potencias como China o Japón utilicen sus Treasuries como herramienta de presión comercial, vendiendo bonos masivamente para desestabilizar el mercado. No obstante, por ahora, el dólar y los bonos siguen siendo vistos como el activo refugio por excelencia, especialmente en contextos de alta tensión geopolítica como los conflictos en Oriente Medio.
Proyecciones a futuro y posibles soluciones
El panorama para los próximos años no parece sencillo. Según modelos macroeconómicos, se espera que la deuda sobre el PIB llegue al 125,80% para finales de 2026. Las proyecciones a más largo plazo sugieren que para 2028 esta cifra podría estabilizarse o subir hasta el 128,90%, manteniendo una trayectoria peligrosamente alta.
Para evitar un círculo vicioso donde el coste de los intereses obligue a emitir más deuda para pagar la anterior, sería necesaria una reducción drástica del déficit público y del gasto superfluo. Asimismo, la intervención de la Reserva Federal bajando los tipos de interés oficiales sería fundamental para reducir la carga financiera del Tesoro, aunque esto podría penalizar la cotización del dólar frente a otras divisas como el euro.
La situación financiera de la potencia americana se mueve en un equilibrio precario entre su hegemonía global y una deuda pública desorbitada que ha alcanzado máximos históricos, superando incluso el pico del 126% del PIB visto en 2020. Con una deuda per cápita que no deja de subir y una dependencia creciente de la monetización interna y la confianza extranjera, el camino hacia la estabilidad pasará obligatoriamente por una gestión fiscal mucho más rigurosa y el control de los tipos de interés para evitar que el sistema colapse bajo su propio peso.