- La Reserva Federal ha adoptado un tono más restrictivo, eliminando el forward guidance y complicando las previsiones de bajada de tipos.
- Los mercados emergentes presentan un panorama heterogéneo, donde algunos países luchan contra la inflación mientras otros flexibilizan su política.
- Existe un riesgo latente en niveles de deuda externa elevados en países como Turquía o Chile, frente a oportunidades atractivas en renta fija local.
Cuando hablamos de los movimientos de la Reserva Federal, normalmente nos referimos a un juego de ajedrez donde un solo paso en falso puede desestabilizar carteras enteras. Ahora mismo, nos encontramos en un momento crítico donde el nuevo enfoque de Kevin Warsh ha mandado a paseo el famoso ‘forward guidance’, dejando que sean los propios inversores quienes se peleen por adivinar hacia dónde irán los tipos, lo que añade una dosis extra de incertidumbre al caldo de cultivo financiero.
Mientras tanto, en el otro lado del charco, los mercados emergentes están viviendo una auténtica montaña rusa. No podemos meter a todos en el mismo saco porque la respuesta monetaria es dispar: mientras unos aprietan las tuercas para frenar los precios, otros se permiten el lujo de bajar los tipos para intentar reactivar su economía, todo ello mientras miran con nerviosismo qué decide Washington.
El tablero de la Fed y la volatilidad del dólar
La realidad es que el consenso que apostaba por recortes de tipos se ha ido al traste. La Fed no solo ha mantenido los tipos, sino que ha dado un giro hacia una postura mucho más restrictiva, dejando abierta la posibilidad de que los tipos suban en lugar de bajar. Esto ha provocado que el dólar recupere una fuerza arrolladora, actuando como el refugio clásico cuando las certezas se evaporan.
En este escenario, el euro y la libra se quedan a remolque, sufriendo la presión de una fortaleza del dólar estadounidense en la economía global que combina tipos altos con una demanda constante. Para las empresas que importan o exportan, esto es un dolor de cabeza, ya que el riesgo no está tanto en la volatilidad, sino en la velocidad a la que cambian las certezas, lo que puede comerse el margen de beneficio en un abrir y cerrar de ojos.
Radiografía de la deuda en los mercados emergentes
Si echamos un vistazo a los números, la situación es curiosa. A nivel global, la deuda no financiera alcanzó picos históricos, y aunque los países desarrollados llevan la mayor parte del peso, el crecimiento de la deuda en los emergentes es lo que realmente debería quitarnos el sueño. Desde 2006, la deuda emergente se ha multiplicado por 3,4, una cifra que asusta si no se analiza con lupa.
- Focos de riesgo: Países como Chile, Indonesia, Malasia, Arabia Saudí, Tailandia y Turquía están en una zona de vulnerabilidad porque su crédito supera la tendencia a largo plazo.
- Deuda externa peligrosa: En Malasia y Polonia, la deuda externa sobrepasa el 70% del PIB, rozando límites que históricamente han anticipado crisis financieras.
- Reservas insuficientes: Turquía es quizá el caso más delicado, ya que sus reservas internacionales apenas cubren sus compromisos a corto plazo.
No hay que olvidar el peligro de los bonos emitidos por filiales en el extranjero, que pueden comprometer la solvencia de la empresa matriz. El sector corporativo ha tomado el relevo del sector público en la emisión de deuda internacional, destacando niveles preocupantes en Chile y Brasil, lo que incrementa el riesgo país y su impacto financiero.
Oportunidades en la renta fija emergente
A pesar de los sustos, no todo es negro. Hay quien ve en la renta fija emergente una oportunidad de oro tras una década de resultados mediocres. Actualmente, existen valoraciones muy atractivas y fundamentales de los mercados que se mantienen resistentes, con un crecimiento superior al de las economías desarrolladas.
La clave aquí es no generalizar. Hay una preferencia creciente por la deuda en moneda local, especialmente en países como Brasil, donde los rendimientos reales superan el 10%, algo que resulta muy tentador para cualquier inversor fundamental. En cambio, China es un caso aparte: aunque su crecimiento sea constructivo, la rentabilidad de sus bonos a 10 años no convence, lo que lleva a muchos a mantener una posición reducida en bonos y acciones de China.
Riesgos globales y estrategias de cobertura
La política exterior de Estados Unidos y la posible presión sobre la Fed para recortar tipos artificialmente podrían debilitar el dólar a largo plazo, pero también podrían disparar los rendimientos de los bonos del Tesoro a plazos largos. Para no quedar expuesto a estos bandazos, la asignación en oro se presenta como la cobertura natural más eficaz frente a la volatilidad del billete verde.
Para navegar estas aguas, lo ideal es un enfoque selectivo. En lugar de analizar la deuda emergente como un bloque, conviene estudiar cada país individualmente y decidir si es mejor entrar en moneda fuerte o local según sus fundamentos internos, ignorando el ruido macroeconómico que no podemos controlar y centrándonos en el valor real de cada activo.
El panorama actual nos obliga a equilibrar la cautela ante niveles de endeudamiento elevados en ciertos países con la ambición de capturar rentabilidades altas en mercados seleccionados, todo ello mientras la Reserva Federal redefine las reglas del juego monetario global, afectando directamente al valor de las divisas y la estabilidad de los bonos soberanos.