- La ETTI enlaza tipos sin riesgo con plazos y su forma (nivel, pendiente, curvatura) resume expectativas y primas de vencimiento.
- Se estima con bonos (mejor cupón cero), forwards y modelos (Nelson–Siegel, Svensson, splines), garantizando suavidad y continuidad.
- Duración y convexidad miden sensibilidad; la inmunización y estrategias por factores (nivel, pendiente, mariposa) gestionan el riesgo.
La Estructura Temporal de Tipos de Interés (ETTI) es una de esas ideas que, una vez entiendes, te abre los ojos a cómo se fijan los precios de la deuda y por qué la economía manda señales antes de que aparezcan en los titulares. De forma muy visual, la ETTI es una curva que enlaza el tipo de interés de mercado de préstamos sin riesgo con su plazo hasta vencimiento, ofreciendo una instantánea de cómo remunera hoy el mercado cada horizonte temporal.
Más allá de la definición, la ETTI sirve como termómetro de expectativas: refleja lo que el consenso del mercado cree que ocurrirá con los tipos y con la inflación, y se convierte en herramienta clave para bancos centrales, emisores, gestores y cualquiera que quiera valorar activos de renta fija, cubrir riesgos o comparar oportunidades entre bonos con vencimientos distintos.
Qué es realmente la ETTI y cómo se interpreta
Cuando hablamos de ETTI, hablamos de una relación funcional entre el tipo de interés nominal sin riesgo y el tiempo hasta su vencimiento. En el eje vertical se representan los tipos; en el eje horizontal, los vencimientos ordenados de más corto a más largo. Esta curva no es estática: cambia con el tiempo a medida que se mueven los mercados y se actualizan las expectativas.
Por razones prácticas y teóricas, se recurre con frecuencia a los bonos cupón cero emitidos al descuento para construir la curva al contado (spot), ya que cada bono cupón cero promete un único pago al vencimiento y “aísla” mejor el precio del tiempo. Además, por no arbitraje, se exige que la forma de la ETTI sea continua y suave, y que su curva a plazo (forward) implícita también lo sea, evitando saltos que darían pie a estrategias sin riesgo.
En la práctica, se suele utilizar la deuda pública como proxy de activo libre de riesgo. En el mercado español hay emisiones desde un día hasta unos 30 años, mientras que en Estados Unidos es habitual encontrar tramos que se extienden hasta aproximadamente 50 años. Esa cobertura de plazos permite dibujar con bastante detalle la forma de la curva en un momento dado.
Que la ETTI sea un mapa del precio del tiempo implica que, si consideramos el interés como la retribución a renunciar a liquidez, cuanto más lejano sea el cobro, más prima exigirá el inversor. Esta intuición explica por qué, en condiciones normales, los tipos a largo acostumbran a ser mayores que los de corto; pero como veremos, la realidad ofrece más matices.
Formas de la curva: creciente, plana o invertida y qué nos cuentan
La curva puede presentarse con pendiente positiva (creciente), plana o invertida (decreciente). Con pendiente positiva, los vencimientos largos pagan más que los cortos, reflejando un entorno de crecimiento y esa preferencia por liquidez del inversor que exige prima por comprometer su dinero más tiempo.
En una curva plana, los tipos a corto y a largo están prácticamente al mismo nivel. Suele aparecer en fases de transición o de elevada incertidumbre, cuando el mercado no tiene claro si los próximos movimientos de política monetaria empujarán la curva hacia arriba o hacia abajo.
Una curva invertida surge cuando los tipos de corto superan a los de largo. Es un patrón que el mercado asocia con expectativas de desaceleración o recesión y con futuras bajadas de tipos oficiales. No es una rareza: se observa con frecuencia en episodios de tensión financiera o al final de ciclos de subidas intensas del banco central.
Estas formas se entienden mejor con varias teorías complementarias. La Teoría de la Preferencia por la Liquidez sugiere que, como los inversores valoran la liquidez presente, exigirán una prima adicional para horizontes más lejanos, de modo que la curva tenderá a ser ascendente.
La Teoría de las Expectativas va al grano: la ETTI se determina por las expectativas de futuros tipos de interés. Si el mercado anticipa subidas (por ejemplo, por inflación elevada), la curva se empina; si espera bajadas, se aplana o invierte. Este enfoque asume mucha eficiencia informativa en el mercado de bonos; en la práctica hay fricciones y horquillas de negociación que complican el cuadro.
La Teoría de la Segmentación de Mercados añade realismo: distintos inversores operan en “tramos” preferidos (corto, medio o largo), y en cada segmento se imponen la oferta y la demanda específicas. Así, la forma de la curva puede variar de manera notable por segmento si, por ejemplo, hay fuerte apetito por letras y poco por tramos largos, o al contrario.
Finalmente, la Teoría del Hábitat Preferido sintetiza las anteriores. Los participantes tienen tramos predilectos, pero pueden abandonarlos si se les compensa con primas de vencimiento adecuadas. El resultado observado combina preferencia por liquidez, expectativas y segmentación, ponderadas de forma cambiante según el estado del mercado.
Para qué se usa la ETTI en la práctica
Para los profesionales, la ETTI es una navaja suiza. Sirve para valorar y comparar instrumentos de renta fija a lo largo de los vencimientos; para fijar el rendimiento de emisiones (letras, bonos y obligaciones) y para identificar valor relativo entre títulos similares con vencimiento próximo.
Actúa como indicador adelantado de los niveles futuros de tipos oficiales y, por tanto, es una guía esencial para la política monetaria. Bancos centrales y autoridades la emplean para tomar el pulso a las expectativas y comunicar su estrategia.
En gestión, la ETTI es clave para diseñar coberturas de riesgo de tipos, valorar derivados (swaps, futuros, opciones) y crear estrategias de negociación como desplazamientos de nivel, cambios de pendiente o jugadas de curvatura (mariposas). Todo se apoya en medir cómo la cartera responde a movimientos de la curva.
Desde el lado del emisor, conocer la ETTI permite optimizar estructura financiera, escogiendo plazos y fijando el spread adecuado según calificación crediticia. Para analistas y operadores, la pendiente y la forma de la curva ofrecen pistas sobre el ciclo económico y, a menudo, sobre el comportamiento de otros activos.
Cómo se construye y estima la ETTI
La forma más “limpia” de estimar la curva spot es a partir de bonos cupón cero. Cuando no hay emisión suficiente en todos los vencimientos, se recurre a la descomposición de bonos con cupón en sus flujos y a la curva de descuento. Un criterio importante, sobre todo para fines de política económica, es ajustar prioritariamente la curva forward implícita (y no tanto la spot) y garantizar su suavidad, porque es la que mejor transmite expectativas de mercado sin crear oportunidades de arbitraje.
La ETTI no tiene por qué estimarse solo con deuda soberana: también puede construirse con swaps, deuda corporativa u otros instrumentos. Eso sí, la teoría recomienda libres de riesgo para minimizar sesgos por prima de crédito o de liquidez, aunque en la práctica esa limpieza nunca es perfecta.
Cuando faltan puntos en la curva, se rellenan usando tipos implícitos (forward). Un ejemplo clásico: si el tipo al contado a 1 año es i1 = 3% y a 2 años es i2 = 5%, el tipo forward entre el año 1 y el 2 satisface (1+i2)^2 = (1+i1) · (1+f1,2). Despejando, f1,2 ≈ 7,04%. Así se completan tramos intermedios sin cotización directa.
Para suavizar y ajustar la curva, la literatura ha propuesto métodos como los splines de McCulloch (cuadráticos y cúbicos), o parametrizaciones parsimoniosas como el modelo de Nelson y Siegel, ampliado por Svensson. Estos enfoques concentran la ETTI en pocos factores que capturan el nivel, la pendiente y la curvatura.
Con el tiempo han surgido más técnicas de suavizado (Adams y van Deventer; Frishling y Yamamura) y hasta algoritmos de aprendizaje estadístico aplicados al ajuste de la curva (por ejemplo, trabajos de Fernández‑Rodríguez). En terreno predictivo, Diebold y Li demostraron que el esquema de Nelson-Siegel con tres factores dinámicos sirve para anticipar la ETTI periodo a periodo, lo que facilita estrategias de trading que persiguen capturar cambios de nivel, pendiente y curvatura.
En el mundo real, los gestores también se apoyan en herramientas prácticas: hay plantillas y hojas de cálculo que permiten generar curvas personalizadas, jugar con diferentes activos (incluso con una quincena de series simultáneas) y ver su impacto en la forma de la ETTI, algo muy útil para quienes empiezan o quieren testear escenarios rápidos.
Riesgo de tipos de interés: qué es y de dónde viene
El riesgo de tipos de interés es, en esencia, la posible variación del precio de un activo de renta fija cuando cambian los tipos de mercado. Como regla general, precio y tipo se mueven en sentido contrario: si suben los tipos, el precio del bono cae, y si bajan, sube. La sensibilidad depende del plazo, del tamaño y del calendario de cupones.
Hay dos componentes que conviene distinguir. Uno es el riesgo de reinversión de los flujos intermedios: si compramos un bono con cupón, para alcanzar la TIR calculada al inicio debemos reinvertir esos cupones al mismo tipo; si los tipos bajan, reinvertiremos peor, y el rendimiento realizado caerá respecto a la TIR original.
El otro componente es el riesgo de precio o de capital, que aparece porque la TIR sube o baja durante la vida del bono y, con ello, se mueve el precio. Una subida de tipos implica caída de precio (pérdida de capital); una bajada, lo contrario. Ambos riesgos interactúan: si los tipos se desploman, hay ganancia inmediata de precio, pero reinvertir los cupones será menos rentable; si suben, pasa al revés.
Existe un horizonte de tiempo mágico, llamémoslo D, en el que esas fuerzas se compensan: para pequeños desplazamientos paralelos de la ETTI, la pérdida de capital queda neutralizada por mejores reinversiones (o viceversa). Ese horizonte no es otro que la duración del bono o de la cartera, que veremos enseguida.
Regla práctica que no falla: cuanto mayor es el vencimiento, más expuesto al riesgo de reinversión y a cambios de precio; y cuanto mayor es el cupón, más dependes de reinvertirlo bien (luego, más sensible eres a que los tipos cambien en el camino).
Duración (y convexidad): medir la sensibilidad de verdad
La duración, en la formulación de Macaulay, mide el tiempo medio ponderado hasta que se reciben los flujos del bono. Se calcula como el promedio de los vencimientos de los pagos, ponderados por su valor presente. Es intrínsecamente positiva y capta cuánta vida “financiera” queda por delante.
Un bono cupón cero es el caso más limpio: su duración coincide exactamente con el vencimiento. Para bonos con cupón, si los pagos gordos llegan tarde (cupones bajos al principio y altos al final), la duración es mayor que en un bono que paga cupones altos pronto. La idea intuitiva es que el dinero “tarda más” en volver a tu bolsillo.
La llamada duración modificada aproxima la sensibilidad del precio ante pequeños cambios de la TIR: el cambio porcentual del precio es aproximadamente (−duración) por el cambio en tipos. Así, a mayor duración, más se mueve el precio ante la misma variación de tipos. Si crees que los tipos van a subir, reduces la duración de tu cartera; si anticipas bajadas, la aumentas.
La convexidad, por su parte, afina la aproximación para movimientos más amplios de tipos: ajusta la curvatura de la relación precio-tipo. Carteras con más convexidad tienden a hacerlo mejor en entornos volátiles, porque “pierden menos” cuando suben los tipos y “ganan más” cuando bajan, a igualdad de duración.
Cuando el horizonte de inversión del ahorrador coincide con la duración de su cartera, la suma de riesgos de precio y reinversión se neutraliza para pequeños desplazamientos paralelos de la ETTI: decimos que la inversión está inmunizada. Por eso la duración es la piedra angular de la gestión de carteras de renta fija.
Para carteras, la duración es un operador lineal: es el promedio ponderado de las duraciones de los bonos según su peso en el valor total. Con posiciones largas y cortas, la duración puede ser incluso cero o negativa, lo que a efectos prácticos permite diseñar estrategias casi insensibles a pequeños cambios de tipos o incluso que se beneficien de ellos en sentido inverso.
Estrategias y movimientos de la curva: del nivel a la mariposa
La teoría moderna de gestión de renta fija arranca con Macaulay (1938) y evoluciona con Fisher y Weil (años 70), que reformulan la duración para proteger carteras frente a desplazamientos paralelos de la ETTI. Pronto se vio que la curva rara vez solo se traslada entera: también se inclina y se retuerce.
Un estudio muy citado de Jones (1991) muestra que los desplazamientos paralelos y los torcimientos explican alrededor del 91,6% de la variación de rendimientos del Tesoro; movimientos en mariposa (aplanamientos en el centro y elevación en los extremos, o al revés) suman cerca del 3,4%; el resto responde a factores menores. Resultados similares aparecen en Litterman y Scheinkman y en otros trabajos.
Con esa evidencia, la industria popularizó estrategias por factores: apostando por cambios de nivel (duration trades), de pendiente (steepeners/flatteners) y de curvatura (butterflies). Herramientas como las presentadas por Willner permiten gestionar carteras directamente en términos de exposición a esos tres pilares.
Las mariposas (“butterfly”), por ejemplo, combinan una posición corta en un bono de vencimiento medio con posiciones largas en los extremos (corto y largo) para captar giros en la curvatura. Grieves analizó a fondo estas jugadas y, desde un enfoque más práctico, Devers mostró su implantación en salas de mercado.
Cuando hay movimientos no paralelos, la duración “de un número” se queda corta. Por eso se han propuesto vectores de duración, que miden sensibilidades a cambios del tipo spot en cada vencimiento (Chambers y Carleton; Reitano; Ho), y así caracterizan mejor el riesgo de la curva.
Modelos y evidencia empírica: forwards, predicción y suavizado
El papel de los tipos forward como predictores de los tipos futuros ha generado mucha literatura (Fama; Ilmanen; Buser, entre otros). Aunque no siempre son predictores perfectos, contienen información relevante y han influido en estrategias sistemáticas en renta fija.
En predicción de la ETTI, el enfoque de Diebold y Li destaca por su sencillez y eficacia: al modelizar dinámicamente los factores de nivel, pendiente y curvatura del esquema de Nelson-Siegel, se captura la evolución temporal de la forma de la curva y se pueden plantear estrategias que anticipen esos cambios.
Para estimar con calidad, la investigación inaugurada por McCulloch con splines y continuada por Nelson-Siegel-Svensson ha sido fundamental. Además, revisiones como las de Adams y van Deventer o Frishling y Yamamura comparan técnicas de suavizado, mientras que trabajos posteriores han aplicado métodos de aprendizaje automático para obtener curvas más estables y realistas a partir de precios observados.
España, Estados Unidos y la literatura aplicada
En España, la deuda pública ofrece una gama de plazos desde el muy corto (un día) hasta el entorno de los 30 años, suficiente para construir curvas con buen detalle. Aunque la literatura local es menos abundante que la estadounidense, hay trabajos relevantes (Soto; Balbás; Díaz, entre otros) que evalúan estrategias de inmunización en la curva española con resultados satisfactorios.
En Estados Unidos, la presencia de vencimientos más largos (hasta cerca de 50 años) facilita el análisis de las colas de la curva y prueba estrategias que en España quedan más limitadas por disponibilidad. Aun así, con swaps y otras referencias es posible extender la lectura de la ETTI más allá del tramo soberano.
Curva de tipos, macroeconomía y bolsa: lo que anticipa la ETTI
La información de la ETTI va más allá de la renta fija. Sus componentes (nivel, pendiente y curvatura) tienen poder predictivo sobre variables macro: crecimiento, inflación y ciclo. Investigaciones con factores latentes dinámicos (Diebold y coautores) delimitan con precisión cómo estos movimientos de la curva se transmiten a la economía real.
En bolsa, la pendiente de la curva ha sido usada como indicador adelantado de fases bajistas. Fama y French documentan vínculos entre pendiente y rendimientos accionarios en EE. UU.; Boudoukh y Ostdiek observan que primas de riesgo en acciones tienden a ser negativas cuando la ETTI venía con pendiente negativa; Resnick y Shoesmith, con un modelo Probit, encuentran alta capacidad predictiva para detectar tramos bajistas en el S&P 500.
Para otros países, la evidencia es más escasa pero coherente: se aprecia una relación similar entre la pendiente de la ETTI y los mercados bursátiles. Y bajando al caso español, trabajos como el de Fernández‑Pérez aplican esta lógica al IBEX 35, confirmando que la curva de tipos contiene pistas útiles para la renta variable doméstica.
Mirando todo el conjunto, la ETTI es mucho más que un gráfico: es una herramienta que integra expectativas, preferencias por liquidez y segmentación de mercados; sirve para valorar, cubrir y gestionar carteras; revela cómo respira la economía, dialoga con la política monetaria y hasta anticipa giros en la renta variable. Dominar sus fundamentos —desde forwards y duración hasta modelos como Nelson-Siegel y estrategias por factores— permite tomar decisiones más finas en renta fija y entender mejor el estado del ciclo y lo que puede venir después.