Modelo de valoración LIFO: cómo funciona y cuándo utilizarlo

Última actualización: noviembre 26, 2025
  • El método LIFO asume que las últimas unidades en entrar al almacén son las primeras en salir, lo que eleva el coste de ventas y reduce el beneficio en entornos inflacionarios.
  • Aunque el Plan General de Contabilidad español y las NIIF no permiten LIFO para la valoración oficial de existencias, sigue siendo útil como herramienta interna de gestión de inventarios.
  • LIFO resulta especialmente adecuado para productos homogéneos y no perecederos, donde la rotación no es crítica y se prioriza la reducción de recorridos y el máximo aprovechamiento del espacio.
  • Sistemas de almacenaje como drive-in, push-back o Pallet Shuttle y el uso de WMS o ERP facilitan implementar físicamente la lógica LIFO y controlar sus efectos operativos y económicos.

modelo de valoración LIFO

En cualquier empresa que maneje inventario, la forma de valorar las existencias y organizar físicamente el almacén marca la diferencia entre un negocio bien controlado y uno que va dando tumbos. Cuando los precios cambian, la inflación aprieta y el stock se mueve a diario, el criterio contable y logístico que elijas deja huella directa en los beneficios, los impuestos y la operativa.

Dentro de los distintos modelos posibles, el método de valoración LIFO (Last In, First Out o UEPS) ocupa un lugar muy particular: está prácticamente desterrado de la contabilidad oficial en España y bajo NIIF, pero sigue siendo muy útil para la gestión física de almacenes y para entender cómo afectan los movimientos de inventario a los números de la empresa.

Qué es el método de valoración LIFO

El método LIFO, siglas de Last In, First Out (en español, Última Entrada, Primera Salida o UEPS), es un sistema mediante el cual se considera que las últimas unidades que entran en el almacén son las primeras que salen, ya sea por venta, consumo en producción o cualquier otra salida de stock.

Bajo esta lógica, las existencias que permanecen en el almacén se corresponden con los lotes más antiguos, mientras que las salidas se valoran utilizando los precios de adquisición o de producción más recientes, normalmente más elevados en contextos inflacionarios.

Desde un punto de vista contable clásico, LIFO implica que el coste de las mercancías vendidas (CMV o COGS) se calcula tomando los últimos precios de compra; así se consigue que el gasto reconocido esté muy próximo a los precios actuales del mercado, algo que en su día resultó especialmente atractivo en épocas de inflación elevada.

En la práctica, esto supone que el inventario final queda registrado a precios antiguos, generalmente más bajos que los vigentes, lo que hace que el valor contable de las existencias sea poco representativo del coste real de reposición.

Aplicado a la operativa de almacén, LIFO se traduce en un diseño en el que los productos se manipulan por un único extremo del pasillo: la carga y la descarga se realizan desde el mismo punto, de modo que los últimos palets colocados son los primeros que el operario recoge.

almacenaje método LIFO

Diferencias entre LIFO y FIFO y otros métodos de valoración

Para comprender bien el modelo de valoración LIFO es importante compararlo con otros sistemas de valoración de existencias muy utilizados en la empresa: FIFO, Precio Medio Ponderado (PMP) u otros métodos específicos o estándar.

El método FIFO (First In, First Out) asume que las primeras unidades que entran son las primeras que salen. Esto hace que el inventario final se valore con los precios más recientes y que el coste de las ventas refleje importes más antiguos, algo especialmente adecuado para productos perecederos o con riesgo de obsolescencia.

Frente a ello, el modelo LIFO considera que las últimas unidades en entrar son las primeras que se venden, de forma que el coste de ventas se basa en los precios más actuales y el inventario se mantiene con costes antiguos. En entornos de inflación, esto implica mayores costes de ventas, menor beneficio contable y menor base imponible que FIFO.

El Precio Medio Ponderado (PMP) calcula un coste medio para todas las entradas de un mismo artículo, ponderando por cantidades. Este criterio suaviza las variaciones de precio y es frecuente en empresas con gran volumen de movimientos donde no resulta práctico identificar lotes concretos para cada salida.

También existen métodos de coste específico (asignar a cada unidad su coste particular, habitual en productos únicos o de alto valor) o de coste estándar (coste teórico prefijado con análisis de desviaciones), muy usados en entornos industriales y de fabricación.

Ventajas contables y fiscales del método LIFO

Históricamente, uno de los grandes motivos para aplicar LIFO en contabilidad fue su efecto en épocas de inflación. Al valorarse las salidas a precios recientes, normalmente más altos, los costes de ventas aumentan, el resultado contable disminuye y, con ello, también lo hace la carga fiscal sobre beneficios.

Esta forma de trabajar permitía que la cuenta de pérdidas y ganancias mostrase un margen “limpio” de efectos inflacionistas, pues los ingresos se comparan con gastos calculados a precios del momento. De esta manera, la empresa podía retener internamente más recursos para reponer existencias a los nuevos precios de mercado sin ver tan castigado su beneficio nominal por la subida de costes.

Sin embargo, esta ventaja fiscal y de correlación ingresos-gastos tenía un peaje: el inventario final quedaba infravalorado frente a su coste de mercado, ya que se registraba a precios de lotes antiguos. Esa diferencia entre el valor contable y el económico real podía inducir a interpretaciones erróneas sobre la situación patrimonial.

Además, el uso intensivo de LIFO fomentaba en algunos casos cierta especulación con las existencias, ya que mantener en almacén lotes muy antiguos a precios bajos hacía aparecer en el balance unos activos por debajo de su verdadero valor, lo que no ayudaba precisamente a reflejar la imagen fiel de la empresa.

Por todo ello, y para mejorar la transparencia informativa y la comparabilidad entre compañías, las normas actuales (NIIF y Plan General de Contabilidad español) han ido suprimiendo el uso de LIFO como sistema aceptado para la valoración contable de existencias.

LIFO y normativa contable en España

Con la reforma contable aplicada en España a partir del Plan General de Contabilidad 2008, el método LIFO dejó de estar permitido como criterio válido de valoración de existencias en las cuentas anuales.

La Norma de Valoración 10ª sobre existencias establece que las empresas pueden utilizar métodos como FIFO o el coste medio ponderado, pero excluye el uso de LIFO y HIFO (Highest In, First Out, donde se consideran primero las existencias al precio más alto de entrada), así como otros criterios que no se ajustan al principio de coste histórico o no garantizan una valoración fiable.

De esta manera, el marco normativo persigue mayor calidad y detalle de la información financiera, obligando sobre todo a las grandes empresas a desglosar con precisión sus transacciones y métodos de valoración para facilitar el análisis por parte de terceros.

Pese a esta prohibición contable, muchas compañías siguen utilizando LIFO de manera interna como herramienta de gestión de inventarios o para simulaciones de escenarios, ya que puede ayudar a tomar decisiones estratégicas sobre compras, producción y precios, incluso aunque después la contabilidad oficial utilice otro método.

En cualquier caso, cuando se trabaje con LIFO a nivel interno, es crucial documentar bien las diferencias entre la gestión de almacén y la valoración contable real, de forma que no se mezclen datos y se mantenga la coherencia con el PGC y con las Normas Internacionales de Información Financiera.

Cómo funciona LIFO en la práctica: ejemplo logístico

Imaginemos una empresa dedicada a la distribución de neumáticos para automóviles. A lo largo del mes, el almacén recibe distintos lotes del mismo modelo de neumático, pero a precios distintos en función de la evolución del mercado y de los costes de materias primas.

En la primera semana del mes, la empresa compra un lote de 500 neumáticos a un precio relativamente estable, sin grandes tensiones en la cadena de suministro. Dos semanas después, surgen problemas logísticos con los proveedores, se encarecen los materiales y la compañía se ve obligada a adquirir otro lote de 500 neumáticos a un coste más elevado.

Llegado final de mes, un concesionario solicita 400 neumáticos para equipar una nueva flota de vehículos. Si el almacén aplica un criterio LIFO de gestión, las unidades que se preparan para el envío serán las del último lote recibido, es decir, aquellas más caras y recientes.

Con esta estrategia, los neumáticos más antiguos, adquiridos a menor coste, permanecen en stock a la espera de futuras ventas. Si con el tiempo los precios siguen aumentando, disponer de estas existencias antiguas puede ser muy ventajoso, ya que permitirán vender a precios de mercado actuales con un coste de compra menor.

Desde el punto de vista operativo, el uso de LIFO en este ejemplo significa que la carga y descarga de neumáticos se realiza por el mismo acceso, minimizando el recorrido de las carretillas en el pasillo y simplificando las maniobras. Todo ello reduce tiempos y movimientos innecesarios en el almacén.

Ejemplo numérico de valoración de existencias con LIFO

Para ver cómo afecta el modelo LIFO a nivel contable, puede servir este caso simplificado con un producto cualquiera, por ejemplo aspiradores, aunque el mismo razonamiento se aplica a cualquier tipo de inventario.

Supongamos que a lo largo del año una empresa compra y vende aspiradores a distintos precios. Al construir el cuadro de entradas y salidas siguiendo LIFO, cada venta se imputa contra las últimas unidades compradas, hasta agotarlas, pasando después al lote anterior, y así sucesivamente.

Si en un entorno inflacionario el precio de compra de los aspiradores va subiendo con cada pedido, el resultado será que las ventas se valoran con los precios más altos, de manera que el coste de ventas aumenta y el beneficio bruto se reduce respecto a otros métodos como FIFO.

Las existencias que queden al cierre del ejercicio serán las más antiguas y, por tanto, tendrán un valor contable inferior al que se habría obtenido con FIFO o con el precio medio ponderado. Esto hace que el inventario final pueda quedar claramente por debajo del coste de reposición real en ese momento.

En software de gestión avanzada o en un ERP (como Microsoft Dynamics 365 Business Central), el método de valoración elegido se configura en la ficha de cada artículo. El sistema se encarga de automatizar el cálculo del coste de ventas, del valor de inventario y de los apuntes contables necesarios, evitando errores manuales y asegurando consistencia.

Cuándo conviene utilizar el método LIFO en almacenes

En la gestión física de almacén, el LIFO se emplea principalmente cuando los productos no son perecederos, tienen una vida útil muy larga y no pierden valor con el tiempo. Esto se debe a que los lotes que entran primero pueden permanecer almacenados durante periodos prolongados.

En general, el método LIFO es adecuado cuando la rotación del stock no es un factor crítico para la empresa y se trabaja con artículos que, aunque puedan pasar mucho tiempo en el almacén, siguen siendo comercializables sin problema.

Algunos ejemplos habituales de mercancías idóneas para LIFO son los materiales de construcción (ladrillos, cemento, cerámica, vidrio, mármol, piedra), productos a granel, determinados componentes electrónicos estándar o mobiliario que no esté sujeto a modas rápidas.

También resulta bastante útil en entornos industriales donde se almacenan grandes volúmenes de materiales homogéneos y no es imprescindible garantizar que el lote más antiguo sea el primero en salir, siempre que no exista riesgo de obsolescencia o caducidad.

Aunque para muchos casos se recomienda FIFO por ofrecer una mejor rotación de los productos, en escenarios donde la prioridad es el aprovechamiento del espacio y la reducción de recorridos internos, LIFO puede ser una alternativa muy interesante.

Usos del método LIFO en distintos sectores

Más allá de los ejemplos genéricos, el modelo LIFO encuentra aplicación en sectores muy concretos donde la naturaleza de los productos encaja perfectamente con este patrón de salida de mercancías.

En la industria de la construcción, empresas que trabajan con ladrillos, cementos, arenas, áridos, cerámicas o similares pueden apilar grandes cantidades en profundidad, priorizando siempre el último material descargado, sin temor a que el producto se degrade o quede obsoleto.

En almacenes de productos no perecederos y homogéneos (por ejemplo, ciertos componentes electrónicos estándar o mobiliario modular), la gestión LIFO permite concentrar la operativa en un único pasillo, aumentando la densidad de almacenaje y reduciendo desplazamientos.

En el ámbito de la distribución mayorista o manufacturera, LIFO puede utilizarse para materias primas con vida útil larga o para materiales industriales cuyo valor no se vea alterado significativamente por el tiempo de almacenamiento.

Además, algunas organizaciones combinan diferentes métodos en el mismo almacén: LIFO para determinados materiales no perecederos y FIFO para referencias con riesgo de caducidad, de forma que se optimiza la gestión de cada tipo de producto en función de sus peculiaridades.

Ventajas logísticas del modelo LIFO

Aplicado a nivel logístico, el método LIFO aporta una serie de beneficios operativos que pueden tener un impacto importante en la eficiencia diaria del almacén cuando se utiliza en el contexto adecuado.

En primer lugar, trabajar siempre con un único pasillo para carga y descarga implica que los operarios o las carretillas recorren distancias mucho menores, lo que se traduce en ahorro de tiempo, menor consumo de recursos y una mejora en la productividad general.

Al mismo tiempo, el hecho de que las mercancías se apilen a medida que llegan, sin necesidad de reorganizar constantemente las ubicaciones para respetar un orden cronológico de salida, agiliza notablemente las operaciones de recepción.

En sistemas de alta densidad, LIFO favorece un mayor grado de ocupación del espacio, ya que se eliminan pasillos intermedios y se aprovecha al máximo la profundidad de la estantería. Esto resulta especialmente valioso en naves con superficie limitada o con costes de suelo elevados.

Además, al disminuir los movimientos internos y ordenar la carga y descarga desde el mismo extremo, se reduce la probabilidad de errores de manipulación y se crea un entorno de trabajo más ordenado y seguro para el personal.

Limitaciones y riesgos de aplicar LIFO

Pese a sus ventajas, el modelo LIFO también presenta limitaciones importantes que conviene valorar antes de decidir su implantación, tanto en la gestión contable (donde hoy está restringido) como en la logística.

En productos con riesgo de caducidad, deterioro, obsolescencia tecnológica o cambio de normativa, LIFO puede provocar que las existencias más antiguas se queden “congeladas” en el fondo del almacén, generando pérdidas por vencimiento o por falta de adecuación al mercado.

Desde el punto de vista de la información financiera, el hecho de que el inventario final quede valorado a precios antiguos hace que este modelo no sea recomendable para reflejar el coste de reposición real, razón de peso para que las normas contables lo hayan dejado de lado.

En la práctica diaria, además, el control de lotes y la trazabilidad se vuelven más complejos si se quiere seguir exactamente el flujo LIFO físico cuando hay muchas referencias, ubicaciones o requisitos de seguimiento por número de serie.

Por último, a nivel fiscal y regulatorio, las empresas que operan bajo NIIF o bajo el PGC español deben recordar que LIFO no es admisible para las cuentas oficiales, de modo que su uso habrá de limitarse a la gestión interna o a simulaciones, manteniendo siempre FIFO, PMP u otro método permitido para la contabilidad real.

Sistemas de almacenaje diseñados para LIFO

Para aplicar el modelo de gestión LIFO de forma eficiente, es fundamental utilizar sistemas de estanterías y soluciones de almacenaje específicamente pensados para que la carga y descarga se realicen desde un único extremo.

Las estanterías compactas drive-in son uno de los sistemas más sencillos y económicos. Se trata de calles de estanterías profundas en las que las carretillas penetran con la carga para depositar y extraer los palets a distintos niveles. Todo el movimiento se realiza desde el mismo pasillo, de manera que encajan perfectamente con la lógica LIFO.

Las estanterías push-back son otra solución de alta densidad: los palets se colocan sobre carros o rodillos con ligera pendiente, de modo que cada nueva unidad empuja hacia el fondo a la anterior. La descarga también se hace desde el mismo lado, recuperando siempre primero el palet más reciente.

Los sistemas semiautomáticos de tipo Pallet Shuttle o AR Shuttle para palets utilizan carros motorizados que desplazan las unidades de carga dentro de las estanterías. Dependiendo de cómo se diseñe el flujo, permiten trabajar en modo LIFO o FIFO, ofreciendo una gran versatilidad y un aprovechamiento máximo del espacio.

Incluso las estanterías convencionales para palets pueden emplearse siguiendo una lógica LIFO, aunque en este caso es imprescindible llevar un control estricto de qué lotes se colocan en cada posición. El uso de un software de gestión de almacenes (WMS) facilita enormemente esta tarea, identificando la mercancía más reciente para retirarla primero.

Tecnología y software para gestionar LIFO

En almacenes de cierto tamaño, controlar correctamente el modelo LIFO a mano puede convertirse en un quebradero de cabeza, sobre todo si se manejan cientos o miles de referencias y se combinan diferentes criterios según el tipo de producto.

Para evitar errores y garantizar que el flujo de mercancías se ajusta al criterio deseado, es habitual apoyarse en un sistema de gestión de almacenes (WMS), ya sea específico (como un Easy WMS) o integrado en un ERP (por ejemplo, Microsoft Dynamics 365 Business Central con su módulo de inventario).

Estos sistemas permiten definir por artículo o por ubicación el método de rotación (LIFO, FIFO, PMP, etc.), además de registrar cada movimiento mediante códigos de barras, etiquetas RFID u otros identificadores que facilitan la trazabilidad.

Un buen WMS o ERP no solo automatiza el cálculo del coste de ventas y del valor de inventario, sino que también sincroniza la información logística con la contabilidad, reduciendo el uso de hojas de cálculo dispersas y minimizando el riesgo de descuadres.

Al mismo tiempo, estas herramientas permiten realizar simulaciones de escenarios con distintos métodos de valoración, de modo que la dirección financiera pueda analizar cómo cambiaría la rentabilidad o la carga fiscal si se utilizara FIFO, LIFO o precio medio, aunque en la práctica la normativa obligue a aplicar uno determinado en las cuentas oficiales.

El modelo de valoración LIFO se ha visto relegado en el terreno normativo, pero sigue siendo una pieza clave en la gestión moderna de almacenes con productos homogéneos y no perecederos. Bien utilizado y combinado con tecnología de gestión, permite reducir recorridos, aprovechar mejor el espacio y analizar con precisión el impacto de la inflación en los costes, siempre que seamos conscientes de sus limitaciones contables y de la necesidad de utilizar otros métodos (como FIFO o PMP) en la información financiera oficial.