- La sostenibilidad se consolida como motor estratégico que integra clima, capital natural y desarrollo social en la toma de decisiones empresariales.
- La canalización de negocio sostenible y los objetivos de descarbonización sectoriales marcan la hoja de ruta financiera hacia una economía baja en carbono.
- El liderazgo directivo, la gestión estratégica del agua y la tecnología (cleantech y soluciones digitales) potencian la competitividad sostenible.
- Consumidores, inversores y marcos como la Agenda 2030 impulsan modelos de rentabilidad sostenible con beneficios económicos y reputacionales claros.
Este cambio de paradigma se apoya en tres grandes palancas: la presión regulatoria y de la Agenda 2030, el empuje de los consumidores e inversores hacia modelos responsables y la evidencia de que las políticas ESG bien diseñadas mejoran los resultados financieros, lo que exige una estrategia empresarial coherente. A partir de estas fuerzas se articulan los llamados motores estratégicos de la sostenibilidad: estructuras de gobernanza dedicadas, canalización masiva de negocio sostenible, innovación tecnológica aplicada a la descarbonización y la gestión de recursos, además de una nueva cultura corporativa orientada a la rentabilidad sostenible.
Motores estratégicos de la sostenibilidad en la banca: el caso de BBVA
En el sector financiero, uno de los ejemplos más ilustrativos es la creación por parte de BBVA de un Área Global de Sostenibilidad, una estructura corporativa que coordina la estrategia sostenible en todas las geografías y líneas de negocio del grupo. Esta área se encarga de alinear productos, gestión del riesgo y decisiones de financiación con los objetivos climáticos, de capital natural y de desarrollo social del banco.
Entre sus funciones clave destaca la integración de criterios ambientales y sociales en el diseño de productos y servicios, de forma que el catálogo comercial incorpore soluciones verdes, sociales y vinculadas a impacto en todos los segmentos: banca minorista, empresas y clientes institucionales. Esto implica desde hipotecas eficientes energéticamente hasta financiación de proyectos renovables, emisiones de bonos sostenibles o líneas específicas para proyectos de impacto social.
Otro motor fundamental es la inclusión de la sostenibilidad en los modelos de riesgo y en la propia concesión de crédito. BBVA está incorporando factores climáticos, de transición energética, de capital natural y de impacto social en la evaluación de operaciones, de modo que la huella de carbono, la exposición a sectores intensivos en emisiones o la vulnerabilidad frente a riesgos físicos (inundaciones, sequías, eventos extremos) cuentan cada vez más en las decisiones de financiación.
Para asegurar que todo esto no se queda en buenas intenciones, la entidad ha puesto en marcha un Comité de Alineamiento en Sostenibilidad, encargado de seguir el Plan de Transición hacia la descarbonización del banco. Este órgano supervisa cómo avanza la alineación de la cartera con las trayectorias compatibles con el Acuerdo de París, monitoriza objetivos sectoriales y revisa si los flujos financieros apoyan efectivamente una economía baja en carbono y más inclusiva.
La dimensión cultural es otro pilar: BBVA ha desarrollado un ambicioso programa de formación interna en sostenibilidad, con más de 100.000 empleados formados hasta 2023. Esta capacitación abarca desde conceptos básicos (cambio climático, Agenda 2030, taxonomías verdes) hasta contenidos técnicos sobre riesgos, productos sostenibles o metodologías de medición de emisiones financiadas.
La creación de esta estructura global permite asegurar una coherencia estratégica entre países y unidades de negocio, impulsar metodologías homogéneas y garantizar que las iniciativas locales no se “despeguen” de los objetivos globales del grupo, algo clave cuando se aspira a transformar el modelo en todas sus dimensiones.
Canalización de negocio sostenible: volumen, metas y ritmo de crecimiento
Uno de los motores más visibles de la estrategia de BBVA es la canalización de negocio sostenible, entendida como el volumen acumulado de financiación, inversión y otros productos vinculados a actividades, clientes o proyectos que cumplen criterios de sostenibilidad definidos por el propio banco con base en normativas, estándares de mercado y buenas prácticas internacionales.
En diciembre de 2024, BBVA alcanzó el objetivo de 300.000 millones de euros canalizados en negocio sostenible, un hito que se produjo un año antes del plazo previsto (2025). Este logro ha servido como punto de inflexión para fijar una nueva meta mucho más ambiciosa: 700.000 millones de euros entre 2025 y 2029, manteniendo como ejes prioritarios el clima, el capital natural y el desarrollo social.
La diferencia principal con el objetivo anterior es el periodo temporal más corto: pasar de ocho a cinco años obliga a acelerar de forma notable el ritmo de canalización. Esto significa desarrollar más productos ESG, llegar a nuevos segmentos de clientes y ampliar significativamente la presencia en geografías donde el potencial de impacto climático y social es elevado, en especial en economías emergentes y en desarrollo.
Para sostener esta aceleración, BBVA plantea seguir ampliando su catálogo de productos sostenibles en todos los segmentos (particulares, pymes, grandes corporaciones y banca de inversión), reforzar su posicionamiento en sectores emergentes ligados a la transición energética (renovables, eficiencia, hidrógeno, almacenamiento, movilidad sostenible) y potenciar la actividad en mercados internacionales donde existe una fuerte demanda de financiación verde y social.
Además, el banco ha decidido que la transformación hacia un modelo más sostenible tenga un reflejo directo en la retribución variable de la plantilla. Desde 2022, todos los empleados tienen parte de su bonus ligado a objetivos de sostenibilidad, entre ellos el volumen de negocio sostenible canalizado. Para colectivos de especial relevancia (directivos, perfiles con capacidad de toma de riesgo) se han fijado incentivos a largo plazo vinculados al cumplimiento de objetivos de descarbonización de la cartera.
Para reforzar el conocimiento especializado, la entidad ha desplegado una red de expertos sectoriales en sostenibilidad y ha desarrollado programas de formación para áreas clave como riesgos, financiación estructurada o gestión de clientes, de manera que la sostenibilidad no sea solo una responsabilidad del área específica, sino un criterio transversal que impregna toda la organización.
Sectores clave para la sostenibilidad: oportunidades y riesgos
La estrategia de canalización no es neutral por sectores: BBVA ha identificado áreas de actividad prioritarias por su peso en la economía real y su potencial para generar impactos positivos significativos en clima, capital natural y desarrollo social. Esta priorización se articula en tres grandes ámbitos: climático, naturaleza y dimensión social.
En el ámbito climático, el foco se dirige principalmente a la descarbonización de la energía y el transporte, la promoción de la eficiencia energética en edificios y procesos industriales, y la financiación de infraestructuras bajas en carbono. En capital natural, las prioridades pasan por proyectos de protección de biodiversidad, gestión sostenible del agua, agricultura y sistemas alimentarios con menor huella ambiental. En el terreno social, ganan relevancia las iniciativas de inclusión financiera, vivienda asequible, salud, educación y generación de empleo de calidad.
Para aportar transparencia, el banco ha publicado una Guía para la Canalización de Negocio Sostenible en la que detalla los criterios que se utilizan para clasificar una operación como sostenible de cara al objetivo 2025-2029. Esta guía recoge tipologías de actividades elegibles, exclusiones, referencias a estándares y marcos reconocidos, así como procesos de revisión y validación.
Esta aproximación sectorial busca equilibrar oportunidades y riesgos. Sectores como la energía renovable o la rehabilitación sostenible de edificios ofrecen claro potencial de negocio e impacto positivo, mientras que actividades muy intensivas en carbono (petróleo y gas, carbón, determinados procesos industriales) exigen una gestión prudente de la exposición y el acompañamiento a sus planes de transición.
En paralelo, se refuerza el análisis de riesgos físicos y de transición asociados al cambio climático, la degradación ambiental o las tensiones sobre recursos como el agua, que pueden generar pérdidas financieras, interrupciones de actividad y daños reputacionales si no se integran adecuadamente en la toma de decisiones.
Apuesta por las cleantech como motor de innovación
Dentro del ámbito climático y del capital natural, BBVA ha apostado de forma decidida por las cleantech o tecnologías limpias, entendidas como soluciones tecnológicas que reducen o evitan el impacto ambiental en comparación con las prácticas tradicionales. No se trata solo de grandes desarrollos industriales, sino también de servicios digitales y modelos de negocio innovadores con base tecnológica.
El banco cuenta con una unidad global especializada en cleantech, con equipos en Houston, Nueva York, Londres y Madrid dedicados a asesorar y financiar compañías y proyectos que impulsan la transición energética y la descarbonización. Esta unidad actúa como catalizador de conocimiento sectorial y puente entre el ecosistema emprendedor, los inversores y los mercados de capitales.
En este entorno, BBVA también impulsa empresas tecnológicas de rápido crecimiento a través de BBVA Spark, su unidad para emprendedores e inversores de venture capital. Spark ofrece productos de financiación estructurada como el venture debt, además de soluciones financieras flexibles adaptadas a las diferentes fases de crecimiento de las startups climáticas.
Otra palanca significativa es la inversión en fondos climáticos centrados en descarbonización. Hasta la fecha, el banco ha comprometido 308 millones de euros en vehículos especializados como Lowercarbon, Fifth Wall, Hy24, Just Climate, Suma Capital o Descarbonization Partners, e incluye una alianza estratégica con KKR, en la que ha invertido 200 millones de dólares en su estrategia climática global.
Todo este ecosistema cleantech refuerza el papel de la banca como agente activo de cambio tecnológico, no solo como financiador pasivo. De esta forma, se acelera la llegada al mercado de soluciones que reducen emisiones, optimizan consumos de recursos y permiten modelos de negocio circulares más eficientes.
Planes de transición y objetivos de descarbonización por sectores
BBVA ha fijado el horizonte de lograr cero emisiones netas en 2050 en toda su cartera, en línea con los objetivos internacionales de neutralidad climática. Para no dejar ese compromiso en algo lejano, ha definido metas intermedias a 2030 en diez sectores económicos de alta intensidad de emisiones: petróleo y gas, generación eléctrica, automoción, acero, cemento, carbón, aviación, transporte marítimo, aluminio y sector inmobiliario en España (tanto residencial como comercial).
En el caso de petróleo y gas, el objetivo es una reducción del 30% de las emisiones absolutas asociadas a las actividades de upstream entre 2021 y 2030. En carbón térmico, la meta es eliminar la exposición a clientes con actividad minera o de generación eléctrica vinculada al carbón térmico en 2030 en países desarrollados y en 2040 a nivel global, conforme al Marco Ambiental y Social de la entidad.
Para el sector eléctrico, el banco pretende reducir un 52% la intensidad de emisiones (kg CO₂e/MWh, alcances 1 y 2) en generación entre 2020 y 2030. En automoción, la aspiración es una caída del 46% en la intensidad de emisiones medida en gramos de CO₂ por vehículo-kilómetro (alcance 3) en el mismo periodo, favoreciendo la electrificación y la mejora de la eficiencia de la flota financiada.
En otros sectores intensivos, como cemento, acero, aviación, transporte marítimo, aluminio o inmobiliario comercial y residencial, se han fijado objetivos de reducción de intensidad de emisiones coherentes con la trayectoria del Acuerdo de París. Estos objetivos se revisan periódicamente, se miden con metodologías reconocidas y se reportan de forma pública.
Para ello, BBVA utiliza herramientas como PACTA (Paris Agreement Capital Transition Assessment) y PCAF (Partnership for Carbon Accounting Financials), que permiten evaluar la alineación de la cartera con escenarios climáticos y calcular las emisiones financiadas por tipo de activo y sector. Los avances y resultados se recogen cada año en el Estado de Información No Financiera (EINF), reforzando la transparencia y la rendición de cuentas.
Liderazgo empresarial y agua como elemento estratégico
Más allá del sector financiero, el liderazgo empresarial en sostenibilidad se articula a través de foros como el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, impulsado por Forética. Este Consejo reúne a más de 40 presidentes y CEO de compañías de primer nivel que buscan acelerar la transformación sostenible del tejido productivo en España.
Desde su creación en 2021, el Consejo ha consolidado una visión compartida de liderazgo responsable, impulsando recomendaciones estratégicas con impacto real en la agenda corporativa. Su trabajo se alinea con la Visión 2050, una hoja de ruta que plantea soluciones conjuntas frente a los grandes retos ambientales, sociales y de buen gobierno (ESG).
En su sesión ejecutiva anual, presidida honoríficamente por S. M. el Rey Felipe VI, el Consejo ha contado con la participación de la comisaria europea Jessika Roswall, responsable de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva. Durante el encuentro se analizaron avances en la futura ley europea de economía circular, políticas de reducción de contaminación, protección de biodiversidad y el desarrollo de la nueva Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica, con sus implicaciones para las empresas.
Uno de los resultados más relevantes ha sido la presentación de la “Guía para CEO: El agua en el centro de la estrategia”, que subraya la importancia de que la alta dirección sitúe la gestión hídrica sostenible en el núcleo del modelo de negocio. El agua deja de ser un mero input operativo para convertirse en un factor estratégico de competitividad y resiliencia.
Esta guía plantea cinco pasos clave para las empresas: considerar el agua como palanca de ventaja competitiva; entender su materialidad como fuente de riesgos y oportunidades; diseñar una estrategia y plan de acción hídrico; impulsar alianzas público-privadas para mejorar la gestión de los recursos; y prestar atención al impacto sobre los grupos de interés, con un foco especial en colectivos vulnerables que pueden verse afectados por la escasez o deterioro de la calidad del agua.
Paralelamente, el Consejo ha promovido proyectos vinculados a cuatro de las grandes rutas de transformación de la Visión 2050: sistemas alimentarios sostenibles, salud, tecnología y ciudades. Además, los resultados de los whitepapers elaborados por las comisiones Net Zero y Equity Action se han incorporado a los programas de clima e impacto social de Forética, reforzando la conexión entre reflexión estratégica y acción concreta.
Tendencias globales: de la rentabilidad tradicional a la rentabilidad sostenible
En el contexto internacional, la sostenibilidad ha pasado de ser un elemento accesorio a convertirse en un imperativo estratégico para cualquier organización que quiera mantenerse competitiva. Los profundos problemas sociales, ambientales y económicos, agravados por el impacto de la pandemia de la Covid-19, han puesto de manifiesto que la inacción tiene costes cada vez mayores.
El nuevo paradigma es la rentabilidad sostenible: crecer económicamente protegiendo el medio ambiente, cuidando los recursos naturales y contribuyendo al desarrollo de las comunidades. Numerosos estudios respaldan que las actividades ligadas a factores ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) generan un impacto positivo en el desempeño financiero.
Un análisis conjunto de Bain & Company y EcoVadis, basado en más de 100.000 empresas alrededor del mundo, concluye que las compañías con buenas prácticas ESG son, de media, más rentables y resilientes. La sostenibilidad deja de verse como un coste para definirse como una inversión con retorno claro cuando se implementa con rigor y compromiso.
Otro informe, elaborado por Deloitte a partir de encuestas a más de 2.000 líderes empresariales en 24 países, muestra que un 75% de las organizaciones ha incrementado sus inversiones en sostenibilidad durante 2022. Además, un 61% de los directivos consultados considera que el cambio climático tendrá un impacto elevado en su estrategia y operaciones en los próximos tres años, lo que refuerza la urgencia de actuar.
Sobre este telón de fondo, organismos como Forética han alertado de que hemos llegado al “momento de la verdad” en la Agenda 2030. Con los plazos acercándose y muchos objetivos lejos de cumplirse, se exige a las empresas un salto cualitativo en ambición climática, en transición energética, en economía circular y en modelos de producción y consumo que reduzcan la presión sobre el planeta.
Agenda 2030, desarrollo sostenible y brecha regional
En 2015, los Estados miembros de Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, articulada en 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abarcan desde la erradicación de la pobreza hasta la acción climática, la igualdad de género, la paz y las alianzas globales. Esta agenda constituye el marco de referencia para gobiernos, empresas y sociedad civil.
Sin embargo, las propias instituciones de la ONU reconocen que, a mitad de camino del horizonte 2030, las dificultades se han intensificado y los avances resultan insuficientes. Conflictos, crisis sanitarias, inestabilidad económica y fenómenos climáticos extremos han puesto presión sobre los sistemas y frenado parte del progreso.
En América Latina, los avances en sostenibilidad corporativa son significativos, pero aún existe un amplio margen de mejora. Un estudio de KPMG sobre más de 1.000 empresas en 10 países indica que el 69% publica habitualmente informes de sostenibilidad. No obstante, solo el 41% integra esa información en sus reportes financieros anuales, un porcentaje sensiblemente inferior al de Asia (73%) o Europa (63%).
En América del Norte, la integración de políticas sostenibles en las estrategias corporativas presenta un grado de madurez mayor, como refleja el Ranking Global 100 de Corporate Knights, donde un 20% de las empresas más sostenibles son de capital estadounidense y un 11% tienen su sede en Canadá. Esto sugiere que, a medida que los mercados de capitales y los reguladores elevan el listón, las compañías que no aceleren su transición pueden perder competitividad.
La conclusión es clara: los motores estratégicos de la sostenibilidad deben adaptarse a realidades geográficas y regulatorias diversas, pero comparten un denominador común: integrar los ODS y los criterios ESG en la planificación, en la asignación de recursos y en la rendición de cuentas, evitando que la sostenibilidad quede aislada en informes desconectados del negocio real.
El papel del consumidor verde y la reputación corporativa
Un motor cada vez más determinante del cambio empresarial es el comportamiento de los consumidores. Si antes las decisiones de compra se basaban casi exclusivamente en precio y calidad, hoy una parte creciente de la población exige saber el origen del producto, las condiciones de su producción, su huella ambiental y el compromiso social de la marca.
De acuerdo con datos de NielsenIQ, el 69% de los consumidores a nivel global considera que la sostenibilidad es más importante para ellos que hace dos años. Este aumento de la conciencia lleva a que muchas personas se “enganchen” a marcas con un compromiso claro con el medio ambiente y la sociedad, y descarten rápidamente a aquellas que no cumplen sus expectativas.
Los llamados “consumidores verdes” tienen un impacto directo sobre los ingresos y la reputación de las organizaciones. Obligan a revisar el tipo de energía utilizada, la gestión de residuos, la huella de carbono, las condiciones laborales en la cadena de suministro y la transparencia a la hora de comunicar. En un entorno hiperconectado, los fallos se viralizan y la falta de coherencia entre discurso y práctica se castiga con dureza.
Este cambio de comportamiento se convierte en un motor estratégico porque empuja a las empresas a rediseñar productos y servicios, apostar por materiales reciclables, envases reutilizables, procesos más eficientes y modelos de economía circular. Las compañías que se anticipan y entienden esta nueva realidad no solo reducen riesgos reputacionales, sino que ganan cuota de mercado y construyen relaciones más sólidas con sus clientes.
Tecnología al servicio de la sostenibilidad
La tecnología juega un papel esencial como habilitador de estrategias sostenibles. Hoy existen herramientas para medir la huella de carbono a lo largo de toda la cadena de valor, monitorizar consumos energéticos utilizando inteligencia artificial, optimizar el uso de medios de transporte contaminantes, gestionar residuos de forma avanzada o reforzar políticas de inclusión y diversidad mediante analítica de datos.
Un actor destacado en este terreno es SAP, que a través de SAP Cloud for Sustainable Enterprises ofrece un conjunto de soluciones en la nube pensadas para ayudar a las empresas a convertirse en organizaciones social y ambientalmente responsables. Entre estas soluciones sobresale SAP Sustainability Footprint Management, que permite calcular y gestionar la huella de carbono de manera detallada, facilitando la descarbonización de las cadenas de valor.
Otra pieza clave es SAP Responsible Design and Production, que ayuda a las compañías a diseñar productos con criterios de sostenibilidad y a desplegar modelos de economía circular, integrando aspectos como el uso de materiales, la reciclabilidad o el cumplimiento de normativas de responsabilidad ampliada del productor.
La dimensión de cadena de suministro se refuerza con SAP Digital Supply Chain Management, que impulsa que toda la supply chain sea sostenible, desde la planificación hasta la logística, permitiendo trazar impactos sociales y ambientales, mejorar la eficiencia de recursos y reducir emisiones asociadas al transporte y almacenamiento.
La adopción de este tipo de tecnologías requiere socios especializados. Entre ellos destaca SEIDOR, partner con más de 40 años de experiencia y miembro de United VARs, la alianza global de partners Platinum de SAP. SEIDOR proporciona soporte y acompañamiento a organizaciones que desean implementar soluciones de sostenibilidad, asegurando que la transformación digital y la sostenible avancen de la mano.
Beneficios empresariales y rentabilidad de la sostenibilidad
Más allá de la presión normativa o de los cambios sociales, uno de los motores que más pesan en los consejos de administración es la contribución de la sostenibilidad a los resultados económicos. Las políticas sostenibles bien diseñadas permiten reducir costes, mitigar riesgos, aumentar ingresos y mejorar el acceso a capital.
En el terreno de los costes, iniciativas como el reciclaje, la reutilización de agua, la eficiencia energética o el aprovechamiento de materias primas ayudan a optimizar procesos productivos y disminuir gastos operativos. Muchas inversiones verdes tienen periodos de retorno razonables y generan ahorros recurrentes a medio y largo plazo.
En la dimensión reputacional, las empresas con una estrategia ESG sólida logran un mayor reconocimiento social, fortalecen la lealtad de sus clientes y se convierten en empleadores más atractivos, lo que facilita la captación y retención de talento. Además, al estar mejor valoradas por los inversores responsables, ven incrementado su atractivo en los mercados de capitales.
Los inversores institucionales muestran una tendencia clara a priorizar compañías sostenibles, integrando criterios ESG en sus modelos de selección de activos. Esto puede traducirse en menor coste de financiación, mayor estabilidad accionarial y un colchón de confianza en momentos de volatilidad o crisis, como se vio durante la pandemia y en episodios de fuerte inestabilidad de mercados.
En este contexto, la sostenibilidad se convierte en un camino prácticamente ineludible para las empresas que quieren asegurar su futuro. No solo porque la regulación y el mercado lo exigen, sino porque la evidencia muestra que los modelos de negocio capaces de generar valor económico, ambiental y social de manera integrada son, a la postre, los más robustos.
Todo apunta a que los motores estratégicos de la sostenibilidad —desde las estructuras de gobernanza específicas y la canalización de negocio sostenible, hasta la adopción de tecnologías avanzadas, la gestión responsable del agua, la descarbonización por sectores y el diálogo con consumidores e inversores— seguirán ganando peso en las decisiones empresariales. Quien sepa activarlos con visión a largo plazo, con métricas claras y con una cultura corporativa coherente, tendrá mucha más capacidad para sortear crisis, aprovechar oportunidades e impulsar un modelo de desarrollo más inclusivo y respetuoso con el planeta.